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Marketer Life

Bienvenidos al analfabetismo del Siglo XXI

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Por: Luis Naranjo

 

El otro día, estaba viendo Shark Tank – el real, no el de acá- y me encontré con un proyecto que mandó mi cabeza a la estratósfera: Bitsbox, un emprendimiento encargado de enseñarles a los niños a escribir y leer código. La premisa es simple: el código es como un lenguaje y entre más temprano se aprenda, más fácil es su asimilación.

Meditabundo, me dirigí a la calle desconociendo que estaba cruzando una delgada línea entre la lucidez y la paranoia con este artículo…

El analfabetismo según la Unesco y Google

Población analfabeta según la UNESCO: 17%

Población analfabeta según código web: 99.9%

Durante años, se debatió acerca de qué medidas tomar para combatir el analfabetismo y también se conversó de la necesidad de incorporar un idioma universal en medio de la globalización.

El analfabetismo supone un verdadero problema de desigualdad y falta de educación, mientras que la falta de un idioma en común significa un vacío en el comercio internacional.

Sin embargo, si hay algo hermoso de la historia, el presente y el futuro es cómo se encargan de entregar respuestas desde antes de que se vislumbren.

BitsBox evidencia lo que aparenta ser la punta de un iceberg y este, a su vez, lo que parecería ser una isla en medio de la Antártida.

Desde los 4 o 5 años, en los Estados Unidos, los niños están aprendiendo a leer y escribir código, lo cual lleva a una reflexión filosófica y de mayor envergadura: los niños del 2018 están aprendiendo a comunicarse con las máquinas antes de aprender un segundo idioma humano.

A raíz de esto, es apenas normal que la mente vuele, en medio de puntos inconexos, en búsqueda de una respuesta que solo la imaginación en el presente puede entregar y que el futuro se encargará de develar. Antes de iniciar un discurso de interpretación a priori apocalíptica, partiré de la anterior premisa, aquella en negrilla, y desglosaré cada punto hasta donde la imaginación y el razonamiento lógico me lleven.

 

Código vs.  <head>Código</head>

Un nuevo tipo de analfabetismo empezará a surgir, en donde las distinciones entre generaciones serán de vastas extensiones.

La fuerza laboral empezará a diferenciarse entre aquellos que saben comunicarse con una máquina y aquellos que no.

Es fácil darse cuenta de esto…

Hace cinco años, Bill Gates dijo que el mundo iba a cambiar más en los próximos 10 años de lo que había cambiado en los últimos 100. Cuando afirmó eso, seguramente, no tenía ni idea de que el Blockchain y el Bitcoin se iban a convertir en una secta religiosa, o que Airbnb y Uber iban a tomar tanta fuerza. Tampoco se debió imaginar que la Inteligencia Artificial y el Machine Learning avanzarían a pasos agigantados, o que Elon Musk hallaría una manera para que el humano promedio llegara a las estrellas.

Y es que aquella afirmación cobra más sentido cuando la trasladamos del contexto 2013 al 2018.

El siguiente dato es tan abrumador como diciente, así que le sugiero aspirar lento y exhalar con rapidez antes de leer: según expuso Rodrigo Saa, citando a Tim Urban, en su charla en Expomarketing – muy buena, por cierto- en el 2035, en cuestión de un segundo, un computador estará en capacidad de procesar la misma cantidad de elementos que el cerebro humano.

En el 2050, en tan solo un segundo, un computador procesará la misma cantidad de datos que toda la raza humana.

Ahora, una cifra como esta supone dos posturas:

La primera es la más sencilla y facilista: Sucumbir. Ser consciente y realista de que una máquina estará en capacidad de sobreponerse ante cualquier competencia racional y ejecucional humana.

La segunda es un tanto más difícil, pero sería más recomendable porque brinda alternativas. Entender a la máquina y ver cómo se convive con esta.

Y es aquí en donde se vislumbra lo que, a priori, aparentaría ser el principio de dicha tendencia. Estamos en el 2018, a 22 años de que la máquina de verdad nos pulverice, y a miles de kilómetros de donde escribo (Bogotá), en unos hogares norteamericanos, hay unos padres que le están regalando a sus hijos “juguetes” para aprender código. No sé si esos papás son desarrolladores, tech geeks o si fumaron marihuana durante el proceso, pero la realidad es que les están dando a sus hijos una herramienta invaluable de cara al futuro.

Les están mostrando la puerta de entrada al futuro.

Les están entregando la llave para ingresar a esa puerta a través de la máquina…

 

Analfabetismo Web

El mundo ya no se trata de digital o no digital, ON u OFF. Es transversal. Estamos frente a una pantalla todo el bendito día, pero sería un craso error creer que interactuamos con un dispositivo móvil que nos ayuda a realizar tareas del día, como organizar nuestra agenda o tener un canal para comunicarnos con nuestros seres queridos.

Desde una perspectiva más analítica, la realidad es que no estamos usando un dispositivo que nos permite realizar X o Y tarea. La realidad es que estamos interactuando con una máquina. Todo el día.

Ella nos conoce (mejor de lo que nosotros mismos nos conocemos), pero también nosotros aprendemos a conocerla de vuelta (y saber cuáles son sus virtudes y limitaciones). Viéndolo de una manera más ingenua, estamos ‘jugando’ con la máquina todo el día. Y percibiéndolo en términos filosóficos, es apenas normal que el humano también quiera aprender a comunicarse con la máquina, porque interactúa con esta ocho horas al día, si no es más…

A falta de tener un casco EEG para dar un análisis más certero, asumo que el humano quiere comunicarse con la máquina porque sabe, en su subconsciente, que esta todavía no le conversa u opera de manera 100% inteligible, razón por la cual quiere llevar ese diálogo a su lenguaje nativo.

 

¿Y cuál es ese lenguaje? El código.

Que los niños quieran aprenderlo desde pequeños tan solo demuestra cómo este pensamiento no es tan descabellado y cada vez vamos más para ‘allá’: un futuro difuso en donde las habilidades se medirán a partir de la comunicación que tenemos con la máquina, y no nuestras capacidades técnicas.

Entendiendo esto, ya no será tan necesario aprender italiano, mandarín o alemán. Los humanos podrán comunicarse con otros individuos a través del lenguaje de la máquina, no el idioma humano. La razón es simple: si existe una misma taxonomía, en este caso el código, esas dos personas estarán en capacidad de comunicarse y, más aún, de expresarse a través del lenguaje de la máquina,mientrasconversa con la máquina.

Son estas personas del futuro las que de verdad tendrán una ventaja competitiva sobre los demás, porque estarán por fuera del analfabetismo web y estarán inmersos en el minúsculo universo del alfabetismo digital.

Estarán en ese mundo en donde el agua de la sabiduría estará a su alcance y las oportunidades serán infinitas…

Y aquí me detengo. Escribir esto me causa mareo. Tratar de adivinar el futuro a partir de un hecho aislado resulta confuso. Me pasa un poco lo de Kase.O en ‘Repartiendo Arte’, pero me queda la felicidad de saber que escribiré un e-book acerca de esto en el futuro, posiblemente argumentando lo que conllevaría este futuro.

Exma Magazine es una publicación especializada en mercadeo, cuyo principal objetivo es informar y actualizar sobre esta industria que cada día cobra mayor fuerza a nivel mundial. Así mismo, su interés es agremiar y posicionar aún más la industria del marketing en nuestro país.

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Cómo usar nuevas tecnologías sin destruir el ROI en el intento.

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Por: Andrés Venegas Piedrahita

 

Tecnologías que ya se encuentran disponibles en toda Latinoamérica para que puedan ser implementadas como parte de una campaña, sobran: desde el VR, AR, QR, entre otras. Además, se encuentran los chatbots, la inteligencia artificial, el machine learning y también las que permiten nuevas interacciones en el mundo real como el IoT, NFC, mapping, 3D printing y drones, por mencionar algunas.

En los últimos años, se han desarrollado bastantes nuevas tecnologías, y si la velocidad y volumen de innovación no fueran suficientes, es importante mencionar que el uso de cualquiera de estas nuevas herramientas resultará arrojando un cúmulo enorme de DATA que, al final del día, es nada más que información.

Entonces, ¿cómo elegir cuál es la tecnología adecuada para un servicio o campaña?Antes que nada, olvidemos por un momento la tecnología.

Esto puede sonar contradictorio, pero en innumerables ocasiones cuando una marca se equivoca al usar una nueva tecnología, lo hace por pensar únicamente en la misma y se olvida completamente del cliente final.

Muchas veces, ese problema comienza por querer ser los primeros en usar dicha tecnología o por simplemente hacerlo porque está de moda. ¿Qué es lo primero que pasa luego cuando la campaña o activación no funcionan como se esperaba? Comienzan a buscar culpables.

Primero, apuntan a la misma tecnología; segundo, a los usuarios que supuestamente no estaban preparados para estas grandes maravillas tecnológicas.

Una vez te olvides completamente de la tecnología, podrás enfocarte totalmente en el problema que tienes que solucionar y objetivos que alcanzar.

 

Revisa si realmente necesitas una nueva tecnología.

¿Quién dijo que todo se soluciona con innovación? Muchas veces, forzar una solución tecnológica solo va a estorbar la calidad de la experiencia del consumidor final y el cumplimiento de los objetivos. El ejemplo perfecto es el código QR, con el cual muchas empresas han fallado al momento de implementarlo. Eso, sin mencionar que los usuarios no muestran mucho interés por utilizarlo.

 

Revisa tus limitaciones.

Es importante entender si se cuenta con todos los recursos necesarios antes de aventurarse con una nueva tecnología. Sin importar la solución que se elija, hay cuatro variables que son imprescindibles para que un proyecto innovador funcione:

  • Costo
  • Tiempo
  • Escala
  • Nivel de adopción

Si es complicado pagar lo que cuesta, esperar el tiempo de producción, cumplir con la escala y alcance, o si la adopción por parte de los clientes no es clara, la probabilidad de fracaso será alta.

Si bien es verdad que muchas startups se han encargado de hacer masivas, implementar algunas de las tecnologías mencionadas al principio, con calidad y en gran escala, aún significa grandes desafíos.

 

Revisa cuál es la mejor tecnología.

Descubre todas tus opciones y estúdialas a profundidad. Pregúntate si la tecnología más sencilla no puede hacer el trabajo. Ejemplo: ¿necesitas un chatbot para tu ecommerce con un simple árbol de respuestas o vas a necesitar uno con machine learning /AI? Esto impactará directamente la experiencia del cliente y también las cuatro variables mencionadas.

Además, hay diferentes tecnologías que pueden solucionar un mismo problema. Ej: AR y VR, aunque son considerablemente distintas. La primera proyecta sobre la realidad diversos elementos virtuales, mientras que la segunda es una experiencia completamente inmersiva.

Estás listo(a), ya cuentas con todo para comenzar.

Lo afirmo luego de haber analizado una cantidad significativa de casos geniales de marcas que han tenido éxito al tener en cuenta todos estos pasos mencionados anteriormente antes de utilizar una nueva tecnología. Por ejemplo, cuando en Australia usaron 106 cámaras que capturaban 10GB de DATA por segundo y los combinaban con diferentes tipos de tecnología para lograr crear en VR un video clip totalmente inmersivo. Otro gran ejemplo es el de un buscador que ha logrado un milagro tecnológico: hacer que personas que no contaban con internet pudieran hacer búsquedas online al combinar llamadas telefónicas con la inteligencia artificial y la nube.

Otro caso que vale la pena mencionar es el de una gran empresa de tarjetas de crédito que ha creado un espejo virtual para tiendas de ropa usando big data, reconocimiento facial y sensores para crear una experiencia de compra única y personalizando diferentes variables a cada consumidor y que, además, permite hacer pagos en el mismo probador. Personalmente, he tenido la oportunidad de hacer compras en una tienda real creada por un gran ecommerce que al combinar cámaras, bigdata, inteligencia artificial y otras tecnologías me permitieron entrar, sacar todo lo que quería e irme por la puerta sin tener que pasar por la caja o hablar a cualquier ser humano. Sabían exactamente qué había comprado y lo cargaron en tiempo real a mi tarjeta de crédito.

 

Estos casos y otros más, solo han sido exitosos por tener siempre el problema y el consumidor priorizados antes que la tecnología.

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Marketer Life

El cambio es hoy, me transformo o me extingo

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Por: Adriana Kerguelén – @adrikerguelen

 

El cambio es parte inherente a los procesos humanos y organizacionales. Sin embargo, la llegada de las nuevas tecnologías ha acelerado estos procesos irrumpiendo y alterando para siempre la manera en cómo se hacen las cosas. Ante esta dinámica disruptiva,surge como oportunidad para las organizaciones la transformación digital. En este sentido,te invito a preguntarte: ¿cuál es tu posición en este nuevo contexto?, ¿lo ignorarás, te resistirás, llegarás tarde, o te volverás parte de él y aprovecharás las innumerables oportunidades que trae consigo?

Empecemos por recordar que transformación digital no es digitalizar los procesos, adquirir software o tener nuevos equipos tecnológicos no es hacer marketing digital, tener redes sociales, un blog, aparecer en buscadores o vender a través de un ecommerce. 

Transformación digital es integrar las nuevas tecnologías para la evolución del modelo de negocio que favorezcan la oferta de productos y servicios de vanguardia, acordes a las nuevas y futuras necesidades y hábitos de consumo que entreguen valor real a los clientes, evitando quedar obsoletos y,en consecuencia,desaparecer del mercado. Este camino tiene en cuenta el surgimiento de los nuevos jugadores y plataformas emergentes que,aunque no sean nuestros competidores directos, entran a democratizar la manera como los usuarios acceden a satisfacer sus necesidades y deseos y a cambiar las reglas de juego de los mercados.

Para un proceso de transformación digital exitoso,se requiere un claro entendimiento no solo del nivel de digitalización de mi organización sino también de mi equipo de trabajo y de mis clientes, para construir propuestas de productos y servicios de valor pertinentes a su realidad. Es decir, no solo se trata de mirar hacia afuera, también es importante revisar hacia adentro, ya que los empleados también están viviendo este cambio,modificando sus necesidades y expectativas frente al trabajo.

Nos encontramos en una época donde los cambios se presentan de manera muy rápida e incremental, lo cual supone grandes oportunidades de negocio pero así mismo enormes retos que afrontar, más aún cuando la expectativa de vida de las compañías se ha reducido de 67 años en 1920 a 10 años en la actualidad.  Es inevitable,entonces,analizar de manera permanente qué movimientos estratégicos debe realizar mi organización para seguir vigente en el futuro y tomar consciencia sobre la velocidad a la cual toma decisiones y ejecuta, así como entender si su estructura favorece u obstaculiza el cambio.

Pensar en Transformación Digital ya no es opcional. El mercado cambió, mi cliente cambió, sus hábitos de consumo cambiaron. Entonces, ¿a qué velocidad se ha transformado mi organización?, ¿será mi compañía viable en el futuro?

 

Liderazgo y talento: El cambio inicia desde las personas

Se requiere un cambio de mentalidad, reducir la aversión al riesgo, lanzarse a explorar nuevas alternativas que resuelvan de mejor forma el cómo se hacen las cosas. Muchas compañías se concentran en adquirir software que automatice los procesos, pero una verdadera transformación digital comienza desde las personas.

En tiempos donde reinventarse es imperativo, los profesionales preparados para orientar exitosamente a las organizaciones hacia el cambio son escasos. Por esto,es fundamental identificar con qué talento cuento y qué necesidades de formación tiene mi organización a corto, mediano y largo plazo, así como detectar oportunidades de enriquecimiento de mi equipo de trabajo integrando nuevos talentos que favorezcan la evolución.

No basta con el acompañamiento de un asesor, consultor o experto, se requiere también la visión desde el interior, esa que entiende y conoce profundamente cómo funcionan y se hacen las cosas en la compañía.

Se necesitan entonces dentro de las empresas líderes innovadores, con mentalidad disruptiva, con entendimiento de las fuerzas que están produciendo el cambio, conocedores de los nuevos hábitos y comportamientos de consumo, profesionales transformadores, capaces de navegar en un mar donde la única constante es el cambio acelerado, que han aprendido a trabajar en medio de la incertidumbre, que cuentan con espíritu de explorador,  quienes viven en estado beta,  probando siempre nuevas formas, que no temen al error, orientados al cliente, con visión estratégica y en permanente proceso de formación y aprendizaje.

 

Transformarse para sobrevivir en la era digital

Todas las organizaciones de todos los tamaños, grandes, medianas o pequeñas, hoy se deben preguntar: ¿Estamos preparados para el cambio que ya está sucediendo?, ¿cuál es el nivel de comprensión que tenemos de nuestro cliente, actual y futuro, y de los motivadores que lo impulsan a elegirnos sobre nuestra competencia? Es decir, las compañías deben visualizar cuál será el netflix, el uber o el airbnb, por mencionar algunos, de su industria o sector.

Las tecnologías exponenciales, esas que superaron la etapa de incertidumbre y ya alcanzaron la madurez suficiente para favorecer el surgimiento de nuevos modelos de negocio, tales como el internet de las cosas,  la realidad virtual y aumentada, la impresión 3d, big data, los nuevos materiales, la biotecnología, blockchain,entre otras, deben ser analizadas para comprender el impacto que tendrán sobre mi modelo de negocio y cómo estas lo transformarán y darán paso a nuevas alternativas de monetización.

 

Orden dentro del caos

Ahora bien, aún cuando hablamos de velocidad, incertidumbre, cambio y riesgo, no significa actuar improvisadamente. Como toda acción estratégica,el punto de partida de un proceso de transformación digital debe ser la planeación y construcción del mapa de ruta, iniciando con un proceso de diagnóstico y análisis de las diferentes partes que componen el modelo, tales como el cliente actual y futuro, la cultura, los competidores y disponibilidad de datos internos y externos. Entender cuáles son los objetivos claves del negocio que conducirán la estrategia de transformación digital, expectativas frente a la misma y disponibilidad de recursos también hacen parte de esta ecuación. 

Contar con un mapa de navegación que articule las múltiples variables conducirá hacia el objetivo e impedirá perder el rumbo durante el proceso, por supuesto,manteniendo la flexibilidad y sensibilidad para detectar oportunidades en el camino.

 

Oportunidades y desafíos

Estamos en tiempos de grandes oportunidades en donde vale la pena salirse de la caja y repensar a las organizaciones y sus estructuras, observar la compañía desde afuera y cómo se está desempeñando dentro del contexto actual. El día a día no puede absorber el futuro de nuestras empresas, la visión estratégica y prospectiva es imprescindible de cara al cambio y debe suceder en paralelo con el presente. 

Hoy,como líderes y/o profesionales debemos reinventarnos de manera permanente porque, independiente de que nuestra posición sea activa o pasiva, somos parte del cambio. La era digital nos muestra enormes oportunidades pero así mismo nos desafía a formarnos y a actuar ágilmente para no ser atropellados por un futuro que ya está sucediendo.

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International Views

Marketing Virtuoso

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Por: Felipe Gómez – @actitude

Un esfuerzo de marketing excepcional, sin importar su canal o método genera en quien lo ve o en quien lo vive, sentimientos y pensamientos similares  a los de alguien que escucha un concierto extraordinario.

Ese efecto “wow” que nos lleva a sentirnos emocionados y deslumbrados por una interpretación impecable, ya sea de un solista, de una banda o de una orquesta y que nos pone instintivamente de pie a aplaudir con entusiasmo, tiene similitudes casi exactas, con el efecto que produce el trabajar con una empresa que va más allá de lo que uno espera o al ver una buena campaña de marketing, en canales tradicionales o digitales o al participar en un evento, lanzamiento o activación diseñado y ejecutado con excelencia.

Esta lógica me ha llevado a hacer un análisis profundo de qué es lo que tienen esos músicos virtuosos que generan esa reacción en su público e intentan plasmar en un modelo simple los atributos que se pueden -y deben- imitar y replicar para que el efecto del trabajo que hacemos en nuestro día a día, genere las mismas reacciones.

Un músico virtuoso logra tres cosas. Primero, tiene un dominio absoluto de su instrumento. Lo toca con maestría. Segundo, es capaz de generar una conexión profunda con su audiencia y tercero, tiene el poder de despertar emociones y sentimientos en el público que escucha su música.

Para ser virtuosos, a nivel individual, con nuestras familias, en nuestras empresas y en la aplicación de lo que hacemos mejor: marketing, necesitamos exactamente los mismos atributos. Tenemos que dominar lo que hacemos, hacerlo de una manera extraordinaria, tenemos que generar conexiones con nuestras audiencias y tenemos que ser capaces de generar emociones positivas y profundas. ¿Cómo lo logramos? Trabajando siempre enfocados en tres conceptos: método, actitud y pasión.

Al crear, ejecutar y gestionar una empresa o un esfuerzo de marketing tenemos que tener un método riguroso. Esto le da consistencia al trabajo y nos permite lograr la excelencia en lo que hacemos. Ser eficientes, dominar las herramientas que tenemos para trabajar y tener mecanismos para medir el impacto de lo que hacemos, son parte del método que nos llevará a consolidar una operación con excelencia operacional.

Pero el virtuosismo va más allá de la excelencia operativa. Siguiendo con el símil de los músicos, hay muchos músicos que tocan muy bien sus instrumentos, quizás con maestría, pero no están dándole la vuelta al mundo en los circuitos de los grandes conciertos. Tanto los músicos como los profesionales, tenemos que conectarnos con nuestras audiencias y eso lo logramos a través de la actitud correcta. En todo lo que hagamos de manera profesional, tenemos que actuar consistentemente con una actitud del servir, de siempre buscar la empatía y siempre complementar nuestra excelencia con humildad al actuar. Eso garantizará la conexión.

Finalmente, pero no menos importante, tenemos que ser capaces de generar sentimientos y despertar emociones en nuestros clientes y en quienes serán los receptores finales de nuestros esfuerzos personales y profesionales. Eso solo lo lograremos poniéndole toda la pasión, todo el amor y toda la entrega a lo que hacemos. Al ejercitar estas virtudes en nuestro trabajo y en nuestra vida, dejará de suceder lo ordinario y comenzará a suceder lo extraordinario. Además, es la pasión, y solamente la pasión, la que activará en nosotros y en nuestras compañías el motor de la innovación y la creatividad, porque solo quien está apasionado por lo que hace es quien se pregunta constantemente: ¿cómo podemos hacer esto mejor?, ¿cómo podemos de verdad marcar una diferencia? Quien no está apasionado por lo que hace, jamás se formula estos cuestionamientos.

Lo interesante de este modelo es que honra la capacidad holística del ser humano. El método busca sacar lo mejor de su inteligencia. La actitud busca sacar lo mejor de su lenguaje corporal y de su gestualidad, pues a través de ellos se proyecta nuestra actitud, y la pasión logra sacar lo mejor del alma. Es decir, que el virtuoso es quien utiliza todas sus facultades de una manera integrada y balanceada, logrando maximizar el impacto de todo lo que hace.

Necesitamos un mundo con mentalidad virtuosa. Desde las cosas pequeñas y banales hasta las grandes y complejas de siempre, utilizando estos tres simples elementos, podemos actuar de una manera virtuosa para escribir el futuro de cada uno de nosotros, de nuestras empresas, de nuestras familias y del mundo.

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